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LA VECINA DEL 19 “H” (Parte 5).
Enviado por Munjol


La siguiente parte de esta historia esta referida al grado de sumisión de mi esposa y la dominación ejercida por Mirta, mi vecina y amante.

A través de las fotografías que se habían sacado me mostró el grado de placer que alcanzaban cada vez que se encontraban para gozar sexualmente.

Se vestían con ropa de cuero, pelucas y antifaces. Cambiaban de roles disfrutando el máximo grado de placer y lujuria que podía experimentar una mujer en celo. Se flagelaban y exploraban sus cuerpos liberando sus instintos primarios.

Me describió paso a paso sus encuentros, logrando excitarme. A su pedido, mientras me relataba los mismos me pidió que me desnudase. Comencé a masturbarme y ella, con su voz insinuante logró una erección máxima. Desnudos en la cama acariciaba mis testículos, los atrapó con su boca y luego lamiendo la verga llegó al glande. Engulló la pija y me practicó una felación maravillosa. Eyaculé atragantándola pero sorbió hasta la última gota.

Yo seguía excitado imaginando la relación entre ella y mi esposa y le pedí que fuera lo más explícita posible.

“¿Te calienta eh? Me preguntó y continuó. “Bueno, te recuerdo lo que yo pensaba. Era una hembra mal atendida, hasta que aparecí yo en su vida confirmando mis sospechas”. “Lo que no me imaginé fue un despertar sexual tan fogoso. Es adorable y sumisa pero necesita mucha atención y contención”. “No se conforma con una pija”. “Quiere sentirse sometida a mis caprichos. Soporta el flagelo del látigo y las palmadas que le producen orgasmos ruidosos, pidiéndome más y más”. “Como te habrás dado cuenta su concha y su orificio anal son muy complacientes”. “Aunque debo confesarte que yo también me hice adicta al sexo y tu esposa me transporta a límites inconfesables de lujuria y placer”. “La deseo con pasión, y no puedo prescindir de ella”.

Según las fotografías pude ver los cambios que experimentaban con las pelucas y los maquillajes que las hacían casi irreconocibles para aquellos que no las conocían tan bien como yo. A veces usaban pelucas rubias, otras veces negras. Los vibradores y los consoladores eran uso corriente según me dijo Mirta. Solían usar prótesis como me mostró en unas fotografía que ella había adquirido a través de internet haciendo una u otra el papel de macho o hembra alternativamente, en una palabra disfrutaban del sexo sin tabúes.

Mi calentura crecía con su relato y aproveché para cogerla salvajemente. La forma en que besé sus senos, su concha y lubriqué su ano la enloquecieron. Jadeaba y gemía ante cada caricia. Abría sus piernas y me incitaba a penetrar su vagina, luego giró y de rodillas, me ofreció su culo firme y generoso. Me imploró que le enrojeciese las nalgas golpeándola con la palma de mis manos. No me hice rogar y cumplí con sus deseos, luego abrí sus glúteos y la penetré reiteradas veces en un mete y saca frenético. Entre besos y caricias le propuse blanquear las relaciones con Silvia y disfrutar entre los tres de una relación sexual diferente donde no hubiese nada oculto entre nosotros.

Nos pusimos de acuerdo y decidimos esperar el momento para proponérselo a Silvia, fantasía que hicimos realidad y que es motivo del próximo relato.

Munjol. hjlmmo@ubbi.com,


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