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La cena de empresa
Enviado por Triple X


Mi mujer (Eva) y yo llevamos ya 15 años casados. Yo tengo 45 años y ella 43.

Tengo que reconocer que ella se conserva mucho mejor que yo. La verdad es que su forma de vestir ayuda mucho a su atractivo.

Siempre suele vestir faldas cortas (a veces muy muy cortas) y en muchas ocasiones luce un bonito escote que deja entrever sus preciosos pechos.

A pesar de lo provocativa que se viste, lo cierto es que es una mujer hogareña y poco amiga de salir de noche.

De hecho en los últimos años ha trabajado sólo como ama de casa, pero el último año ha encontrado trabajo en una empresa de construcción como ayudante administrativo por mediación de su hermana Andrea que trabaja allí.

No me gustó demasiado la idea de ese trabajo pero acepté porque sabía que ella necesitaba relacionarse con la gente y no estar todo el día metida en casa.

A veces, mi mente fantaseaba con que mi mujer estuviese todos los días rodeada de tantos hombres. Su empresa estaba formada por unos 50 empleados y, de ellos, sólo había 4 mujeres: Eva, Andrea y dos chicas más jóvenes. Las cuatro eran muy atractivas, lo cual provocaba que mis fantasías y celos fuesen en aumento.

Y llegó el día en el que les tocaba celebrar la cena de empresa. Ella lo había hablado conmigo y consideré que entre nosotros había la suficiente confianza como para sugerirle que fuese.

Cuando salió de casa observé que iba más provocativa que de costumbre. Evidentemente si para trabajar llevaba muchas veces unos modelitos subidos de tono, para acudir a una fiesta el modelito debía ser más espectacular todavía.

Antes de que se fuese, le metí mano por debajo de la minifalda y levantando ligeramente su braga le metí un dedo en el coño y le dije: Esta noche mi polla estará levantada esperándote preciosa. No tardes.

Ella me respondió: Vendré cansada cariño.

Le acaricié una teta por encima de la blusa: El marisco que comerás provocará en tí ganas de sexo y yo te lo daré, le susurré al oído.

Entre el mete-saca en su coño y las caricias en sus tetas, mi mujer empezó a cerrar los ojos, pero seguro que muy a pesar suyo me dijo en voz baja: Ahora no cariño, tengo que marchar, me espera Andrea con el coche.

-Te estaré esperando, le dije.

Ella bajó. La observé por la ventana. Saludó a mi cuñada con un beso en la mejilla y se metieron en el coche. Andrea también estaba espectacular con un minifalda más corta que la de mi mujer si cabe.

Estuve un cuarto de hora con mi cabeza a punto de reventar pensando en aquellas dos hembras tan provocativas en medio de tantos hombres.

Pensé en que el alcohol provocaría que éstos dejaran de controlar sus instintos básicos y acabarían por acosarlas hasta que se dejaran hacer. Me puse en el lugar de aquellos hombres que durante de meses han observado lo buenas que están.

No aguanté más. En pocos segundos pensé en un plan. Me disfracé como pude para que no me reconocieran y salí de casa.

El restaurante estaba en las afueras. Dejé el coche a unos 200 metros para que mi mujer no lo viese si salía fuera. No hacía nada de frío. Si no fuese porque era Diciembre podría decirse que era una noche veraniega.

La noche era oscura por lo que el interior del comedor iluminado se veía perfectamente desde el exterior y esa oscuridad, a su vez, me protegía de las miradas de los que estaban dentro.

No tardé en ver a mi mujer. Estaba sentada con las otras tres chicas. En el lado derecho tenía a Andrea y al otro lado estaba un chico de unos 30 años. De vez en cuando el chico le susurraba algo al oído y ella se reía ostensiblemente.

La cena ya estaba bastante avanzada. Se notaba, sobre todo, por las caras de los hombres: Bastante coloradas y no paraban de hablar. Había bastante ruido en el local por las conversaciones de aquellos hombres. Lo curioso es que a pesar de las conversaciones entre ellos, sus miradas siempre se dirigían al mismo lugar del comedor.

Las chicas también habían bebido y estaban distendidas. Sus blusas mostraban unos buenos escotes para sofocar el calor dentro del local.

El chico que estaba enfrente de mi mujer no les quitaba ojo a sus tetas. Éste ni se molestaba en hablar con los que tenía a su lado. Sólo bebía y miraba hacia mi mujer.

Como estaba un poco lejos para ver a mi mujer, di la vuelta al local y me ubiqué en la ventana que estaba detrás de ellas.

Esa posición me sirvió para comprobar algo que me preocupó pero que al mismo tiempo me excitó porque mi polla se puso dura: Andrea tenía su mano encima de la pierna de mi mujer y la movía acariciándola. De vez en cuando también le susurraba algo al oído a mi mujer y ésta le daba una palmadita de aprobación encima de la mano de Andrea.

Es decir, los susurros a mi mujer le llegaban de dos sitios distintos: De un chico a su izquierda y de una chica a su derecha.

Los tocamientos de mi cuñada fueron a mayores y su mano ya estaba en contacto con la braga de mi mujer. Eva no oponía ninguna resistencia a esta operación. Al contrario, se notaba que sus piernas estaban muy separadas debajo de la mesa. El chico de la izquierda se debió de dar cuenta de lo que estaba pasando entre ellas porque por detrás de mi mujer le hizo un guiño a Andrea y ésta le sonrió.

Luego le volvió a susurrar algo a Eva y colocó su mano en su cintura moviéndola hacia arriba y hacia abajo. En algún momento le tocaba su teta derecha sin que ella mostrase ningún signo de reprobación.

El chico que estaba enfrente comía más despacio y continuaba bebiendo abundantemente mirando fijamente a las dos chicas.

Estuvieron un rato toqueteándose hasta que las dos hermanas se levantaron para ir a los servicios. Como era de esperar, al levantarse todos los ojos de los machos del lugar se dirigieron hacia las chicas y su esbeltos cuerpazos. Las desnudaban con los ojos y sus mentes seguro que llegaban aún más lejos.

Mi polla se puso un poco más dura todavía.

Tuve la suerte de que las ventanas de los servicios daban hacia la zona en la que me encontraba y las ventanas estaban entre-abiertas, por lo que pude escuchar lo que comentaron las dos hermanas.

- Eva estoy supercaliente tía.
-Uff Andrea pienso que el vino se nos ha subido.
-Un poco sí. ¿Te has fijado en Nacho?.
-Sí tía, me ha tocado el culo y las tetas. Está el pobre super empalmado y yo no sé que hacer para que se tranquilice.
-Uy, yo sí que sé lo que le podrías hacer, pero a lo mejor tu marido no está de acuerdo.

Aquel comentario provocó que me llevase la mano dentro de mi pantalón y me acariciase mi polla a punto de reventar.
-Eva, hoy estás superbuena tía. Bueno la verdad es que siempre estás muy guapa. Una mujer con tu cuerpo atrae a todos los hombres. Mi cuñado tiene suerte de poder gozar de tí todas las noches.
-Andrea tu sí que tienes un cuerpo perfecto. Mira Luís, Alberto, Juanma, y los demás que no te quitan ojo de encima.
-Si Eva pero a mi quien me gusta eres tú. Estas tetas me vuelven loca desde hace años aunque nunca me he atrevido a decírtelo...
-Pero Andrea si casi podría ser tu madre.
-No hermanita, no te hagas la mayor cariño. Tu cuerpo es un bombón y los chicos del comedor no le quitan ojo. Si pudiesen te follarían encima de la mesa.
Se hizo el silencio un momento y luego escuché una voz muy baja que decía: Andrea, ¿qué me haces?. No por favor, no sigas, no ...
-Sí Eva, disfruta cariño. Tócame tú también, decía Andrea también en voz muy baja.
Yo ya había sacado mi polla y la acariciaba con mi mano moviéndola adelante y atrás. Imaginaba a mi mujer con los ojos cerrados disfrutando de lo que le hacía la zorra de mi cuñada. Ella había estado con más hombres antes de conocerme a mí pero nunca había estado con una mujer.
No fui capaz de escuchar ningún comentario más entre ellas, pero sí se escucharon algunos suaves gemidos de placer. Conociendo a mi mujer, estoy convencido de que llegó a alcanzar el orgasmo.
Me estaba masturbando con lo que le estaban haciendo a mi mujer y me gustaba.
Al cabo de unos diez minutos las dos chicas volvieron al comedor.
De nuevo, las miradas de todos los concurrentes se clavaron en aquellas hembras y menos mal que sus mentes calenturientas no sabían lo que aquellas dos habían hecho en los aseos.
El chico que estaba al lado de mi mujer (Nacho) le susurró algo al oído y ella le respondió con otro susurro pero además dio unas palmaditas encima de la pierna derecha de aquel hombre.

A él le debió gustar lo que oyó ya que acto seguido posó su mano en la pierna de mi mujer y la acariciaba mientras le daba un nuevo sorbo a su vaso de vino. Por el otro lado, Andrea que veía la situación, también le susurraba cosas a Eva.

El chico, entre caricia y caricia, subía su mano un poco más y, al igual que había hecho Andrea antes, le llegaba a tocar la braga a mi mujer.

La cena llegó a su fin sin más incidencias que los tocamientos de aquel chico a la entrepierna de mi mujer. ¡Qué no es poco!.

Me metí con dificultad mi dura polla dentro del pantalón.

Los comensales, bastante colocadillos, fueron saliendo hacia los coches. Observé que mi mujer salía agarrada de brazo de Andrea y se dirigían a su coche entre grandes risas.

Antes de subir se formó un pequeño grupito y hacían señas como de hacer planes para ir a algún sitio después.

Las dos mujeres subieron al coche, pero justo antes de arrancar, se acercó Nacho y subió también. Este hecho volvió a poner en funcionamiento mi imaginación.

Los seguí a una distancia prudencial, aunque la verdad es que podía tener mi coche pegado al suyo que con el colocón que llevaban no se hubiesen dado cuenta de mi presencia.

El coche de Andrea no mantenía la dirección e iba haciendo pequeñas S en la carretera. Menos mal que la velocidad no era excesiva. Dentro sólo podía ver la espalda de Nacho en el asiento trasero y apoyado entre los dos asientos delanteros donde iban las dos hermanas.

Al cabo de unos kilómetros, ya en la ciudad, el coche se detuvo a la derecha y apagaron las luces.

Yo, instintivamente, giré en el cruce anterior y detuve mi coche. Estaba de suerte esa noche porque en la acera que estaba pegada al coche de Andrea había un viejo parque medio abandonado y oscuro. Me acerqué a la valla y miré entre los arbustos para que no me viesen.

Mi polla se volvió a poner firme nada más ver el panorama: Mi mujer tenía el asiento reclinado y con la mano derecha encima de sus ojos como si estuviese mareada. Más abajo su falda había sido levantada y allí se encontraba la cabeza de Andrea masturbando el coño de mi mujer y acariciándole los muslos.

Por otro lado, mi mujer no retiraba su mano derecha de la cara y con la izquierda acariciaba el pelo de Nacho que le estaba chupando una teta.

Me excitaba ver aquello, pero por otro lado, me fastidiaba que mi mujer no opusiese ninguna resistencia tanto aquí como antes en los aseos del restaurante. Estaba claro que tenía ganas de sexo y hoy se estaba saciando a lo grande. Nacho quiso disfrutar más de aquella situación y haciendo casi un imposible, giró su cuerpo y colocó su polla delante de la cara de mi mujer. Ésta se dio cuenta y apartó su mano de la cara, cogiendo de inmediato aquel aparato y metiéndoselo en la boca sin pensárselo dos veces.

Andrea continuaba lamiéndole el coño a su hermana, al tiempo que con un brazo le alcanzaba a acariciarle las tetas y, de vez en cuando, tocarle el culo y los huevos a Nacho.

No tardaron en cambiar de posición ya que los orgasmos le impedían mantener la polla de Nacho en la boca y se retorcía de placer. Ahora Andrea pasó al asiento trasero y Nacho le levantó la falda y luego le bajó la braga. Su intención era clara y la llevó a cabo: se la folló en aquel incómodo asiento, mientras mi mujercita se recuperaba en el asiento delantero sin quitarle ojo y con su mano acariciándose su coño.

En eso estaban cuando llegó un coche que aparcó detrás de ellos. Aquel trío estaba muy ocupado y no se dio cuenta de la llegada. De aquel coche se bajó el chico que tenía enfrente mi mujer en el restaurante y que no le había quitado ojo en toda la cena.

Se acercó al coche de Andrea y cuando vio lo que pasaba dentro se llevó la mano a la frente asombrado.

Sin embargo, en lugar de alejarse para dejarlos tranquilos, abrió la puerta delantera y se puso a hablar con mi mujer. Ésta le sonrió y él empezó a acariciarle la mejilla. Luego le dio un beso en la boca que ella no rechazó. A continuación le tocó el coño. Evidentemente estaba mojado y esto pareció volverlo loco.

Entró en el coche encima de mi mujer. Se bajó los pantalones con dificultad y luego sus calzoncillos. Mi mujer sonriendo le puso los brazos encima de los hombros abrazándolo.

El miembro viril de aquel chico no tardó mucho en encontrar el camino del coño de mi mujer y empezó a penetrarla con energía. Ella se mordía los labios y cerraba los ojos. Estaba disfrutando la condenada de lo que le hacía la polla de aquel chaval.

El chico no era menos: Había conseguido tirarse a la compañera de trabajo que tanto le gustaba y tenía entre sus manos las tetas que tanto había deseado tocar en la cena.

Aquel tipo no tardó mucho en correrse dentro de mi mujer y quedó tumbado encima de su cuerpo. Ella tenía una sonrisa permanente de placer en su boca.

Estuvieron así hasta que Nacho terminó por correrse también dentro de Andrea.

Yo para entonces ya tenía mi polla fuera del pantalón y estuve a punto de correrme también con lo que acababa de presenciar: Mi mujer follando en un coche con un chico mucho más joven que ella, mi guapa cuñada follada por un compañero de trabajo y yo estaba allí sin hacer nada para evitarlo.

Se limpiaron y luego el chico que se había follado a Eva salió y subió en su coche abandonando el lugar.

Andrea volvió de nuevo al asiento del piloto y le dio un largo beso a Eva en la boca. Luego se acercó Nacho y también le dio un beso en la boca y otro en la mejilla izquierda mientras le sujetaba la mano. Mi mujer seguía con su cara sonriente por el placer que le habían dado.

Como vi que se estaban preparando para arrancar, me fui a mi coche y los volví a seguir.

Era ya tarde pero aquellos tres no parecían darse cuenta de ello. Detuvieron el coche delante de una discoteca que, la verdad, no parecía tener mucho ambiente y entraron.

Yo aparqué y también entré. No había portero o ya había terminado su jornada.

El interior era bastante oscuro pero pude localizar a mi mujer porque estaba en el centro de un grupo de hombres que estaban al fondo del local. Alguno de ellos los había visto en el restaurante por lo que supuse que este era el punto de encuentro que habían acordado antes sus compañeros.

Mi mujer y Andrea estaban sentadas con las piernas cruzadas y apoyadas en la pared tomándose unos cubatas mientras que sus compañeros de trabajo estaban en semicírculo en taburetes.

Está claro que la imagen no podía ser más erótica: Dos chicas de minifalda y con buenos escotes mostrando sus piernas y algo más a unos compañeros con ganas de sexo en el día de la cena de empresa. Yo me senté en la barra y desde allí tenía un buen campo de visión.

Uno de los chicos se acercó a Andrea y se sentó a su lado. Empezó a susurrarle cosas al oido y la chica no paraba de reirse.

Otro chico hizo lo propio con mi mujer y también se reía. Pero éste, además, posó su mano encima de la pierna de mi mujer y se la acariciaba suavemente. A ella le debieron de gustar las caricias porque separó sus piernas para que continuase en la parte interior de sus muslos.

Me fijé que poco a poco el radio del semicírculo del grupo iba reduciéndose porque los chicos iban acercándose a las chicas cada vez más.

El que estaba con mi cuñada empezó a meterle mano ostensiblemente sin que ella se lo impidiese. Al contrario, también abrió sus piernas para facilitarle la labor.

Mi mujer la miraba de reojo mientras el otro chico no cesaba en sus caricias.

La presión del chico de Andrea la empujaba hacia mi mujer y al final las dos chicas quedaron tumbadas en sus asientos mostrando por unos interminables instantes sus bragas al grupo que las estaba mirando.

Ellas se reían de la situación pero aquellos chicos aprovecharon para ir a meterles mano descaradamente.

Entiendo que al no notar resistencia por parte de Eva y Andrea, los hombres se decidieron y ya no cesaban de tocarlas, incluso metiéndoles las manos por debajo de las bragas. Las chicas se reían y los hombres se miraban sonriendo de la suerte que estaban teniendo esa noche.

Los dos que estaban más cerca se sacaron las pollas y se las ofrecieron a las chicas. Ellas las tomaron y mirándoles a la cara para ver su reacción se las metieron en la boca. Los chicos parecían temblar con lo que les estaban haciendo aquellas dos putillas aficionadas. Ellas les miraban a la cara metiendo y sacando sus aparatos. Estaban bien dotados aquellos dos elementos.

Por otro lado, otros dos chicos con las pollas fuera acercaron sus respectivas caras a las bragas de las chicas y después de quitárselas comenzaron a lamerles los coños metiendo también sus lenguas dentro.

A esas alturas ya no había ningún chico con la polla dentro del pantalón. La ausencia de clientes en el local y la oscuridad los había animado a desinhibirse y tenían claro que los cuerpazos de aquellas chicas iban a ser suyos.

Cuando las chicas paraban a tomar aire, se miraban y se sonreían. Estaban disfrutando de aquel grupo de machos sólo para ellas. La verdad es que, a pesar de lo rudos que parecían, lo cierto es que las estaban tratando con mucha suavidad y ellas lo agradecían.

Dos de los chicos las giraron y ellas cambiaron de polla. Entonces otras dos pollas empezaron a penetrarles el coño por detrás. Tal y como les entraban las pollas se puede decir que las dos hermanas estaban muy abiertas y excitadas. Me sorprendía el aguante de mi mujer después de haber follado en el coche y de lo que le había hecho su hermana en el restaurante. No me sorprendía mi cuñada porque siempre me había tenido pinta de buena folladora.

A mi me costaba estar sentado en el taburete por la erección que tenía. La chica que atendía aquella barra se dio cuenta de mi excitación y me susurró: ¿Estás muy cachondo verdad?.
-Sí mucho.
-La verdad es que a mí también me está poniendo a cien lo que están haciendo allí al fondo.
-¿De verdad?.
-Sí. ¿Por qué no nos acercamos para ver mejor lo que están haciendo?.

No sabía que responder, pero ella estaba bastante buena y me convenció.

Aquella chica salió de detrás de la barra y pude comprobar que tenía un cuerpo de escándalo, pero no la toqué por miedo a que su novio o marido estuviese cerca.

Ella, en cambio, no dudó en palparme el culo mientras nos acercábamos. Le debió gustar porque no dejó de hacerlo durante el trayecto.

Nos paramos a unos tres o cuatro metros del grupo. La camarera se quedó detrás de mí y me susurraba al oído: ¿Te gustaría estar en el lugar de esos chicos?. ¿A cual de las dos te follarías?. ¿O quizá prefieres follar con un hombre?.

Mientras me decía todo eso con aquella hermosa voz, me había metido su mano por dentro del pantalón y me estaba acariciando la polla mientras con la otra mano me abrazaba el pecho besándome detrás de la oreja.

Yo estaba a punto de desmayarme del gusto que me estaba dando aquella muchacha.

Acerqué mi mano hacia atrás y le toqué la falda a la altura de su coño. Poco a poco fui metiendo mi dedo hasta alcanzar su tesoro, que, por cierto estaba bastante húmedo.
Estuvimos unos instantes tocándonos hasta que unos chicos se dieron cuenta de nuestra presencia y nos hicieron señas para que nos uniésemos al grupo.

Eva y Andrea estaban dándoles unas mamadas sensacionales a los dos hombres más mayores mientras sus culos desnudos quedaban al aire para disfrute de los que las rodeaban.

Yo me cortaba un poco por el miedo a ser descubierto por mi mujer en aquella situación pero la camarera me dijo: Sígueme, te va a gustar ya verás.

Me cogió de la mano y me acercó al grupo. Ella se agachó y le dio un beso en la mejilla a cada una de las chicas. Eva y Andrea continuaron con su labor sin inmutarse por la presencia de una tercera hembra.

La camarera se bajó las bragas y me hizo una seña para que yo la embistiera por detrás.

Yo me hice el despistado pero uno de los chicos me empujó diciendo: Venga tío fóllatela, no ves que te lo está suplicando.

Me bajé el pantalón y el calzoncillo y acerqué mi polla a su coño. Seguía mojado. Primero se lo acaricié suavemente con la punta de mi aparato y poco a poco se lo fui metiendo hasta dentro. Empecé a meter y sacar. Me gustaba aquel coñito porque estaba bien lubricado y además era estrecho por lo que el rozamiento que producía en mi polla me hacía sentir un gran placer. Otra causa de placer, estaba en el hecho de que a mi derecha tenía a mi cuñada más guapa en pelotas mamándosela a un tío por delante y follándola un tío por detrás y a mi derecha estaba mi mujer gozando del mismo modo sin saber que yo estaba allí observándola.

En esto estábamos cuando mi mujer paró un momento para tomar aire y al girar su cabeza me vio. Por un instante se quedó pensativa sin saber si estaba soñando.

Yo le lancé un beso por el aire y le guiñé un ojo. Ella me sonrió y el chico que tenía delante le volvió a meter la polla en su boca para que continuase comiéndosela.

Mi miraba de reojo y miraba también a la camarera. Las dos chicas acercaron sus cabezas y se besaron en la boca un buen rato.

El tipo que tenía mi mujer detrás se corrió y el que tenía delante terminó haciéndose una paja con su mano y gimiendo de placer.

Mi mujer se acercó a mi y me susurró: ¿Qué haces aquí cariño?.
- Te he seguido Eva porque en casa me excitaba pensando en que esto pudiese pasar y yo estuviese lejos de tí sin poder verlo. ¿Estás disfrutando?.
-Sí, mucho, pero ahora dale placer a esta chica que está tan buena.
Me besó y me acariciaba la polla y los huevos mientras yo penetraba a la camarera. En algún momento también le llegó a acariciar sus hermosas tetas. -¿Está buena esta chica?.
-Sí cariño, pero ahora me apetece follarte a tí. ¿Te importaría ...?.
-Claro que no. Terminacon ella y vente conmigo.

No había terminado con la camarera pero dos chicos me la quitaron y poniéndola boca arriba empezaron a follarla por el coño y por la boca. Sus tetas se bamboleaban al ritmo de la penetración. Estaba muy provocativa.

Mi mujer se recostó en el suelo y alzó los brazos esperándome. En ese instante se acercó mi cuñada y apretando sus preciosas tetas sobre mi pecho me dijo: Hola cuñado, tu amiguito grandullón no quería pasar la noche sin follar ¿verdad?. Me dijo esto mientras me acariciaba los huevos con su mano y luego la iba subiendo hacia mi polla. Me hizo sentir un escalofrío de placer y ella se dio cuenta.
-Algún día quiero que este amiguito me haga gozar a mi también. Me frotó un poco la polla, me besó en la mejilla y luego volvió con el grupo.

Mi mujer estaba sonriendo tras haber visto a su hermana metiéndome mano. Me acosté sobre ella y la penetré. Su coño era más amplio que el de la camarera pero mi mujer sabía como retorcerse para provocarme un placer aún mayor.
-Te quiero, le dije.
-Yo también. Ha sido la noche más salvaje de nuestras vidas. Tenemos que repetirla, ¿te parece?.
-Claro que sí, seguro que Andrea también desea que lo repitamos y tus compañeros todavía tienen ganas de tí. Me gustaría follar con Andrea y que tu participases con nosotros. Tu hermana sabe como darle placer a un hombre y seguro que también a una mujer hermosa como tú.

No aguanté más y acabé corriéndome dentro de mi mujer al mismo tiempo que ella tuvo un último orgasmo.

En cuanto nos repusimos del esfuerzo, nos vestimos y mi mujer fue a despedirse de Andrea dándole un beso en la boca y susurrándole algo al oído.

Yo también le di un beso a la camarera y le dije: Gracias por haberme hecho disfrutar. Eres preciosa y espero volver a verte.

Cuando salimos del local era ya por la mañana y fuimos directos a casa. Estuvimos en cama todo el día y comentamos cada momento, cada sensación, de la noche anterior.
En los días siguientes, cada vez que follábamos y no dejaba de pensar en Andrea y en la camarera. Mi mujer para excitarme incluso me llegó a decir: Cariño imagínate que soy tu cuñada.

Inolvidable.


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